Las tarjetas prepagadas son tarjetas recargables que se pueden usar como tarjetas de débito vinculadas a una cuenta de cheques, y se están convirtiendo en la base de un sistema bancario de segundo nivel utilizado por una creciente cantidad de clientes. Aunque las tarjetas prepagadas se han vuelto cada vez más populares, los clientes que las usan están sujetos a múltiples y confusos cargos, y no reciben las protecciones obligatorias al cliente, las mismas que se aplican a las tarjetas de débito tradicionales vinculadas a cuentas de cheques.
Los emisores de tarjetas prepagadas han respondido a la crítica sobre los cargos afirmando que el costo es equivalente a la cantidad que se cobra a los clientes que usan una cuenta corriente o hasta más barato. A fin de averiguar si esta afirmación es verdadera, Consumers Union comparó los cargos para las cuentas de cheques en los cinco bancos principales por número de activos y dos grandes cooperativas de crédito, y los cargos para 12 de los programas de tarjetas prepagadas más conocidos. Para cada uno de los bancos y cooperativas de crédito seleccionamos un producto de cuenta de cheques sin interés y de bajo saldo. Calculamos los cargos que se cobran en el transcurso del primer año a un cliente hipotético que realizó las siguientes transacciones:
- Abrir una cuenta (incluido todo requisito de depósito mínimo aplicable)
- Pago de tres recibos al mes (dos por Internet, uno con cheque o giro postal)
- Ocho compras en puntos de venta al mes
- Tres retiros de efectivo al mes
- Dos consultas de saldo al mes
- Dos depósitos al mes
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