Comer alcachofas para la falta de apetito sexual. Pararse de cabeza mientras bebe un vaso de agua para cortar el hipo. Frotarse un rábano sobre la piel para combatir las verrugas.
Si bien la gente cree fervientemente en sus remedios caseros favoritos, en la mayoría de ellos —incluso los tres que acabamos de mencionar— no se ha comprobado todavía que sean efectivos. No obstante, de vez en cuando, alguna leyenda folklórica recibe validez científica. A veces, eso sucede porque una supuesta cura le parece razonable a un investigador, y entonces decide ponerla a prueba. En otros casos, la experiencia personal —o una abuela particularmente insistente— motiva a un investigador a sacar un remedio prometedor de la cocina y llevarlo al laboratorio.
En los últimos años, un puñado de estas curas han resultado válidas después de un meticuloso análisis.
Elena Chávez
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